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Errores al educar a nuestros hijos

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Me hago eco de un artículo publicado en el diario ABC en el que el Dr. Cortejoso nos enumera los errores más comunes que los padres cometemos al educar a nuestros hijos. Es cierto que no es fácil la tarea de educar a un niño. Influyen muchos factores y no podemos tenerlos en una burbuja, protegidos y relacionándose sólo con quien nos guste. La tarea principal de los padres es guiarlos para que ellos escojan el buen camino. No siempre lo conseguimos. 


A continuación les muestro los fallos más comunes según este psicólogo, cuando educamos a nuestros hijos y algunos consejos para evitarlos:

1. No escuchar a nuestros hijos: A veces es cierto que no escuchamos lo que nuestros hijos tienen que decirnos. Les cortamos a media conversación y damos por hecho lo que nos quieren decir. Hay que tener paciencia, escucharles y dejarles explicar sus motivos. Quizás así entenderemos mejor ciertos comportamientos.

2. No reconocemos sus puntos fuertes o virtudes: No siempre halagamos a nuestros hijos cuando hacen algo bien hecho o le quitamos mérito a algún logro. Es muy importante en su educación alabarlos y alentarles a que hagan las cosas bien, no sólo regañarlos cuando cometen algún fallo. El halago es un arma muy fuerte en su educación y no hay nada como sentirte valorado cuando haces las cosas bien.

3. El respeto a su personalidad: Hemos comentado en varias ocasiones que cada niño es único y diferente y por ello no se deben educar de la misma forma que otros niños. Cada uno tiene su personalidad, sus objetivos y sus virtudes. Hay que saber cómo sacar provecho de ellos y adaptarnos a su personalidad. 

4. La sobreprotección: Muchos padres caen en el grave error de sobreproteger a sus hijos. Hay que proteger a los niños, pero a la vez darles cierta autonomía y perder el miedo eterno que tenemos los padres a que les pase cualquier cosa. Si los sobreprotegemos, podremos ocasionarles graves consecuencias para el futuro, donde no estarán tan vigilados por nosotros.

5. Acostumbrarles a que les den todo hecho: Hay niños que  están acostumbrados a que les den todo hecho y nunca han hecho el mínimo esfuerzo para aprender a hacer algo por sí solos. Este es un error grave, porque si no les damos pequeñas responsabilidades y les enseñamos tareas propias de cada edad, cuando crezcan se sentirán inútiles y no serán capaces de ser autónomos e independientes.

6. Gritarles: Muchas veces perdemos el control y terminamos gritando a nuestros hijos. Estos  gritos les acarrean muchas consecuencias negativas, ya que les podemos dar a entender que esa es la única forma de relacionarse con los demás.

7. Intentar educar igual a los hermanos: Como hemos comentado antes, cada niño es diferente. Una cosa es intentar transmitirles los mismos valores a los hermanos, que es lo correcto, y otra cuestión es que intentemos que sean iguales en todo, que no es correcto. Cada niño es distinto y se debe educar en la individualidad. Un hermano tendrá unos puntos fuertes y otros débiles que habrá que corregir, y no por ello el otro hermano será igual. En este artículo hablamos sobre ello.

8. Comparar a nuestros hijos:  Las comparaciones son odiosas y es algo a lo que los padres recurrimos constantemente. "Mira tu hermano como"…, "si fueras como tu amigo que"…, "mira tu primo lo bien que"… Debemos evitar las comparaciones y no atormentarlos continuamente al compararlos con los demás.

9. No limitarlos constantemente en cosas sin mucha importancia: Como ejemplo nos ponen que si tu hijo te hace un buen dibujo en la pared de casa, seguramente te vas a enfadar y gritarle, pero la idea es sopesar si es para tanto. Quizás el dibujo es bueno y debemos proporcionarle los medios para hacerlo en otro lugar más adecuado. Hay que darles cierto margen de actuación para que explore y descubra poco a poco sus intereses, capacidades y limitaciones.

10. No comunicarnos con nuestros hijos: En este blog no nos cansamos de decir una y otra vez que la comunicación con nuestros hijos es de vital importancia. Da igual la edad y el tema, lo importante es hablar con ellos y escuchar lo que nos tienen que decir, crear confianza para que sean capaces de contarnos cualquier problema o duda que tengan. Una buena comunicación creará un buen vínculo entre padres e hijo.

Jóvenes y alcohol

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Ahora que se acerca la Navidad, me gustaría hablar sobre un tema importante en la educación de nuestros hijos. Durante la etapa de la adolescencia, los chicos ya empiezan a asistir a fiestas y lugares donde el alcohol está presente y a su alcance, a pesar de las normas establecidas en la sociedad.

Es muy importante que eduquemos a nuestros hijos sobre el alcohol, porque a largo plazo, las consecuencias pueden ser mayores y puede llegar a convertirse en un verdadero problema.



Está comprobado estadísticamente, que el 80% de los jóvenes que han terminado el colegio, se han emborrachado al menos una vez en su vida y muchos de ellos son alcohólicos.

El alcohol es una droga, que tiene efectos tan dañinos como la marihuana o el tabaco y es relativamente fácil de conseguir, ya que está presente en muchas celebraciones y fiestas a las que asisten nuestros hijos. 

No siempre son los hijos de los demás, los que se emborrachan y los padres deberíamos ser capaces de identificar cuando este problema ataca a nuestros propios hijos, pero lo más esencial, es tener comunicación con ellos desde que están en la pre-adolescencia, para que sean conscientes de los peligros que el alcohol puede causarles.

Lo principal es darles ejemplo. No podemos alertar a nuestros hijos del problema del alcohol, si los padres nos emborrachamos a menudo. Nosotros somos su principal referencia y modelos a imitar. Se ha de tomar especial precaución en el mensaje que les transmitimos cuando tomamos alcohol.

Los adolescentes suelen tomar alcohol los fines de semana, ya que es cuando suelen tener las actividades de ocio. Cuando se inician en las bebidas alcohólicas, los jóvenes necesitan muy poca dosis para emborracharse y muchos creen que si toman bastante el fin de semana, pero no lo prueban durante el resto de la semana, que no es tan perjudicial para el organismo.

Muchos niños empiezan a tomar alcohol a la edad de 12 años, una edad en la que son totalmente influenciables por sus amigos, una edad en la que "tener el puntillo" es divertido y beber los hace ser más "guays" y agradables con los demás. Los niños más inseguros o tímidos, tienen más posibilidades de tomar alcohol, porque eso los desinhibe y se creen mejor adaptados en el círculo social. Ahí es donde los padres debemos educarlos y darles pautas para que aprendan a disfrutar y a celebrar sus jornadas de ocio, sin necesidad de tomar alcohol para divertirse. Hay que ayudarles a generar confianza en sí mismos, a aprender a lidiar con sus problemas y podemos fomentar actividades sanas, como el deporte o invitar a sus amigos a casa, para que se diviertan de forma más sana.

Debe quedar claro que el alcohol es una sustancia tóxica para nuestro organismo y que una vez 
consumido tiene que desaparecer de nuestro cuerpo, con las consecuencias que ello conlleva para la salud. El alcohol también causa problemas de aprendizaje, de memoria y merma la capacidad de pensar. La adolescencia es una etapa crucial para el desarrollo cerebral, por lo que el consumo de alcohol puede tener consecuencias negativas a largo plazo en su vida de adulto/a.

Hablemos con nuestros hijos, en un entorno relajado, sin reproches ni sermones, intercambiemos con ellos sus impresiones al respecto y ayudémosles a diferenciar el uso del abuso del alcohol, porque mientras más información tengan, mejor preparados estarán para afrontar el tema de las bebidas alcohólicas.

Algunos libros que hablan sobre el tema de los jóvenes y el alcohol y puedes adquirir a través de Amazon:


ADOLESCENTES, ALCOHOL Y DROGAS (NIÑOS Y ADOLESCENTES)
Adolescentes y alcohol : cómo son?, qué inquietudes tienen?, por qué razones beben?:recomendaciónes para padres y educadores
Adolescentes, ocio y consumo de alcohol

Pre-adolescencia

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Sobre los 10 a 12 años empieza la etapa de la pre-adolescencia. Una etapa difícil pues ya nuestros hijos dejan de ser niños y se preparan para entrar en la adolescencia. En esta edad, los hijos reclaman más libertad e independencia. También ocurren cambios físicos que les pueden plantear dudas y preguntas que nosotros los padres debemos intentar resolver de la forma más natural posible. En esta etapa debemos ser cuidadosos y más que nunca vigilar su educación.


En la pre-adolescencia es cuando debemos darles mucha información y ser firmes en nuestras decisiones para no perder la autoridad, pues a medida que crecen, cuesta más que los hijos obedezcan y puede ser que contesten de mala forma, se rebelen o incluso nos ignoren. Es una etapa de transición difícil para ellos, pues se aburren con las cosas de niños y sin embargo no pueden realizar aún actividades de un adolescente, pero también es difícil para nosotros, porque ya no podemos seguir actuando como hasta ahora y hemos de cambiar con ellos.

Las niñas pre-adolescentes suelen ser más maduras que los niños, por norma general y en esta edad empiezan a querer ser más libres. No hay que tener miedo a darles libertad, siempre y cuando se les eduque bien para que ellos puedan distinguir lo bueno de lo malo, para que sean conscientes de quienes son las malas compañías que deben rechazar, para que sean capaces de pensar por sí mismos y elegir la mejor opción para ellos, que no siempre será la buena para nosotros, pero les enseñará a aprender de sus errores. Los padres debemos respetarles y dejarles un poco de libertad, no debemos mandar las cosas "porque sí", porque los hijos pre-adolescentes ya no obedecen como en las etapas anteriores y es mejor darles una explicación. Es una etapa difícil para los padres porque ven como sus hijos ya no son tan niños y empiezan el camino hacia su madurez. La comunicación es básica y vuelvo a repetir, la información que les damos es muy importante para que ellos se puedan formar una idea de los valores a seguir.

Es bueno empezar a hablarles de la sexualidad, de los peligros que existen en la calle, de las drogas, o del alcohol ya que a esta edad empiezan a sentir curiosidad sobre estos temas.

Los padres también debemos dar el ejemplo. No podemos reclamar a nuestros hijos que ayuden en casa, si nosotros mismos o nuestras parejas no lo hacen. Debemos mandarles cosas razonables y no algo imposible de cumplir; en esta etapa los niños suelen razonar y al final entenderán e incluso aceptarán de buen grado nuestras explicaciones.

No debemos prometerles cosas que no vayamos a cumplir ni amenazarles con castigos que no vamos a ejecutar, porque sólo conseguiremos perder nuestra autoridad. No debemos utilizar castigos físicos ni intensos, porque lo único que se consigue es fomentar comportamientos agresivos. Lo mejor es el diálogo entre padres e hijos, intentar ponernos en su lugar, ofrecernos a resolver sus dudas y abrir nuestra mente para que surja una relación de confianza mutua y así poco a poco se preparen para el largo camino que les queda para llegar a ser adultos.

El castigo físico

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Existe el debate sobre si se debe aplicar el castigo físico con los niños o no. Cuántas veces hemos escuchado que nuestros padres o profesores muchas veces nos dieron una bofetada o un buen azote para castigarnos y en esa época no pasaba nada porque era normal, mientras que actualmente está mal visto (incluso prohibido en los colegios desde 1997) que los padres le demos alguna cachetada a nuestros hijos para corregir un mal comportamiento.

Personalmente, pienso que el castigo físico no es efectivo. A veces los padres tenemos ira y actuamos de forma desproporcionada ante el mal comportamiento de nuestros hijos y ello puede ser perjudicial para ellos, ya que genera desconfianza, daña el vínculo afectivo y crea resentimiento en los niños, que solo aprenden a obedecer por miedo.

Es importante explicarles a nuestros hijos las consecuencias de sus actos, el porqué hace las cosas mal y cuál debe ser el comportamiento adecuado, para no resentir su autoestima y aprendizaje. Cuando castigamos físicamente a nuestros hijos, puede que se sientan abandonados, tristes y con miedo. Ello puede provocar que sólo obedezcan cuando los padres estemos delante, pero no garantiza que lo hagan cuando no hay nadie que les castigue.

Existen otros métodos para castigar a nuestros hijos, que pueden funcionar y ser educativas. Es verdad que hay situaciones extremas donde no podemos razonar con ellos ni controlar sus rabietas y pataletas. Es muy difícil tomar decisiones cuando estamos nerviosos o muy enfadados. Lo importante es darnos cuenta e intentar calmarnos antes de actuar. Se deben buscar alternativas al castigo físico y ser firmes con nuestros hijos sin necesidad de ser violentos.

Un "no" firme y contundente, empleado en el tono adecuado, debería bastar para que nos hagan caso, pero si no es así, se debe "castigar" a nuestros hijos enviándolos a una silla o a algún cuarto a reflexionar (donde no pueda estar entretenido o jugando) para que se calmen. Quitarle alguno de sus privilegios (como los videojuegos o salir con sus amigos) es también una forma efectiva de llamarles la atención.

Cuando amenazamos a nuestros hijos con castigarles, debemos asumir las consecuencias y llegar hasta el final, de nada sirve amenazarles con un castigo una y otra vez y luego nunca cumplirlos, porque solo provoca mal comportamiento y que nos tomen el pelo una y otra vez.

Tampoco debemos "sobornar" a nuestros hijos, prometiéndoles bienes o juguetes si cumplen alguna tarea o se portan bien, porque es su deber hacerlo.

La disciplina es muy importante para nuestros hijos y hay que inculcarles una buena educación desde muy temprana edad para que luego tengamos los frutos. Los primeros años de vida son fundamentales, ya que es una etapa en la que los niños están más receptivos y absorben la información. El castigo físico en esta etapa es como dar una bofetada en la adolescencia; puede dañar mucho la relación afectiva y luego hay que trabajar mucho para reconstruirla.

En definitiva, debemos ser firmes, constantes y estar en sintonía con la pareja a la hora de aplicar un castigo a nuestros hijos. Nunca debemos humillarles ni insultarles o retirarle nuestro cariño.Como hemos dicho en ocasiones anteriores, la disciplina les ayudará a ser mejores personas, pero hemos de evitar recurrir a actitudes violentas para solventar las diferentes situaciones con nuestros hijos.



Disciplina por edades

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Es muy importante enseñar una disciplina eficaz a nuestros hijos, para que sean personas adaptadas, con objetivos y metas que cumplir y para que aprendan a tener auto-control en sus vidas.


¿Cómo es posible enseñarles esta disciplina?

Pues comunicándonos con ellos, siendo constantes y firmes en nuestras decisiones, siempre adaptándonos a su edad y su nivel de desarrollo.

Nos comunicamos con nuestros hijos cuando les escuchamos con respeto, sin interrumpirles lo que tienen que decirnos y aceptando sus sentimientos. Debemos ser coherentes con nuestros gestos al hablar, pues podemos transmitir mensajes contradictorios y ser claros y precisos al transmitir nuestro mensaje, siempre adaptado a la edad de nuestros hijos. Es conveniente elegir el momento y lugar adecuado y clarificarnos primero antes de transmitir nuestro mensaje.

Ser constantes significa mantenernos firmes en nuestras decisiones, aplicando las consecuencias establecidas. No podemos regañar a nuestros hijos y olvidar enseguida las consecuencias de ese regaño, porque entonces no servirá de nada regañarlos en las próximas ocasiones. Si somos constantes, ellos tendrán más seguridad y serán más responsables de sus acciones.

En cuanto a la edad y el nivel de desarrollo, no es lo mismo, ni siempre coincide. El nivel de desarrollo se refiere al grado de madurez alcanzado, mientras que la edad cronológica se refiere a los años cumplidos. Existen algunos métodos de disciplina según el rango de edad.

Edad de 0 a 2 años:

 Es importante en esta etapa, empezar a expresarnos con palabras a los niños sobre nuestras expectativas y sentimientos hacia ellos, de esta forma nos preparamos para una disciplina basada en el diálogo. Podemos estimular el comportamiento positivo, darle libertad de acción al niño, pero siempre controlando la situación cuando hay peligro.

Edad de 3 a 5 años:

En esta etapa debemos fomentar la iniciativa y además permitir que el niño tenga diferentes opciones y conozca las consecuencias de sus actos. Éstas consecuencias deben ser fáciles de cumplir y debemos ser consistentes en su aplicación. Los niños de esta edad se identifican son los objetos que le pertenecen y por ejemplo, si decidimos privarle de alguno de sus juguetes, debe ser por muy corto tiempo. Es muy probable en esta etapa que los niños no reaccionen como esperamos los adultos. Si esto nos causa descontrol, es preferible aislarnos momentáneamente hasta que el niño recupere su auto-control. Si no se puede ignorar la conducta del niño, lo mejor es aislarlo en una habitación (por un período muy corto) para que reflexione y recupere la calma, no como castigo.

Edad de 6-11 años:

Los padres somos responsables de transmitir a nuestros hijos responsabilidades, de inculcarle valores y estimular la valoración de sí mismo, de sus cualidades y aptitudes para que tenga confianza en su propia persona. De esta forma facilitamos la integración del niño a su medio. En esta etapa es importante establecer horarios (de sueño, comidas, juegos, etc), definir con el niño cuáles son sus responsabilidades, así como las consecuencias si estas no se cumplen.


Edad adolescente de 12-18 años:

Durante esta etapa ocurren muchos cambios en la vida de nuestros hijos, cambios físicos, mentales, hormonales, etc, debido a que el joven está dejando la niñez para convertirse en un adulto.


Muchos adolescentes están deseando ser independientes para asumir responsabilidades o decisiones para las que no están preparados. Si hemos trabajado bien la disciplina en las etapas anteriores, si hemos tenido una buena dosis de comunicación, respeto mutuo y claridad de límites, esta etapa se presentará mucho más fácil y será más fácil llegar a un acuerdo con ellos sobre sus necesidades y las nuevas reglas del juego.

Si no ha sido así, lo ideal sería reconocer de nuevo a nuestros hijos y delimitar en qué etapa se encuentra para que se convierta en una persona con reglas definidas, metas establecidas, que comprende y respeta a sus padres.

Es necesario empezar desde la primera infancia a impartir una disciplina eficaz y no se trata de castigar a nuestros hijos constantemente, sino de establecer lazos de amor, comunicación y respeto mutuo para una buena educación.

Consejos educativos

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El otro día leía unos consejos interesantes sobre cómo podemos ayudar a nuestros hijos y me gustaría compartirlo con los lectores del blog:



Ayudamos a nuestros hijos cuando...

...los animamos a asumir ciertas responsabilidades relacionadas con el cuidado de la naturaleza, por ejemplo, dejarlos encargados de regar una planta o darle de comer a la mascota de la casa.

...les permitimos que participen en la elaboración de recetas, fomentando así los hábitos de una alimentación saludable.

...a la hora de prohibirles o pedirles algo, les explicamos el porqué, con un lenguaje adecuado a su edad. A veces nuestros hijos no obedecen, simplemente porque no han entendido bien nuestras explicaciones.

...les animamos a hacer ejercicio físico y llevar una dieta equilibrada. Así estaremos contribuyendo a que crezcan sanos. Estaría bien darles la oportunidad adecuada de practicar algún deporte si sobrecargarlos de actividades extraescolares.

...recurrimos a los cuentos y libros como fuente de aprendizaje para satisfacer su curiosidad.

...en determinadas ocasiones o situaciones conflictivas, como son las pataletas, no cedemos a sus demandas y les ponemos límites, si es necesario, sin darles ninguna explicación.

...evitamos que se expongan a situaciones peligrosas, sin protegerlos excesivamente para que no sean inseguros.

...hacemos que se sientan protegidos, pero a la vez libres de reconocer sus posibilidades y limitaciones.

...les hablamos de valores, costumbres y tradiciones, presentes en muchas actividades cotidianas. Refranes, juegos populares o cuentos tradicionales, contribuyen a su formación como personas.

Y sobretodo ayudamos a nuestros hijos si compartimos nuestro preciado tiempo con ellos.

Ahí van esos consejillos. Papás y mamás, ¡tomad nota!

Las temidas pataletas

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Si eres un padre o madre de niños entre 2 y 3 años, seguramente habrás pasado por la fase de las rabietas. Los niños intentan demostrar su rebeldía y establecer su individualidad y hacer las cosas a su manera. Cuando no le sale, su forma de manifestarlo es mediante pataletas o rabietas que, aunque sea una actitud normal en esta edad, no es fácil de tolerar y mucho menos en público.

El otro día, mientras bañaba a mi hija de 3 años, empezó a llorar sin motivo aparente y a chillar como si la estuvieran matando. Le pregunté con calma qué le pasaba y ella no podía ni hablar de la rabia que tenía en ese momento. Por más que le preguntaba si le dolía algo o si se había hecho daño con algo, ella sólo se limitaba a chillar sin atender a razones. Si le daba algún juguete, lo tiraba contra la pared, si la intentaba calmar, se ponía más rabiosa...al final opté por dejarla sola y cerrar la puerta a ver si se calmaba. Ella continuó llorando sin parar hasta que regresé al cabo de unos minutos. Ya desesperada, la saqué de la bañera y con firmeza, la vestí y la llevé al sofá, donde siguió llorando hasta que se calmó. Ya cuando estaba calmada, le volví a preguntar y me confesó que lloraba porque no quería mojarse el pelo y yo le mojé un poquito mientras la bañaba. Para mi fue increíble la reacción que tuvo en ese momento. Son las temidas rabietas.

Leía un artículo sobre ese tema en el que explicaba que los niños toman ejemplo de la conducta de los padres. Por eso, en ningún caso conviene que ellos presencien alguno de nuestros accesos de cólera y debemos intentar mantener el control ante situaciones de estrés, donde ellos estén presentes.

Si el niño se da cuenta que alguna rabieta ha surtido efecto y ha conseguido lo que quería, estamos perdidos. Su principal objetivo es llamar la atención. Por eso cuando les regañamos e intentamos razonar con ellos o simplemente no queremos darles algo que nos reclaman, utilizan esta arma para hacernos ceder.

La forma más rápida de evitar estas rabietas, es ignorándolos. Si nos aseguramos que el niño está en un lugar seguro y no puede haber ningún accidente, les podemos dejar solos hasta que ellos mismos se den cuenta de que no llaman la atención y su artimaña no surte efecto.

Algunos consejos para evitar las pataletas:

Intentar no mirar al niño mientras le dure la rabieta. Esto puede provocar que se prolongue más.

Decirle cuando su llanto disminuya algo que lo haga recapacitar: "Cuando hayas terminado de llorar, volveremos a jugar"

Apartarse y abandonar la habitación donde se encuentre el niño y vigilarlo de lejos.

Cuando el niño termine la rabieta, no darle importancia y darle la oportunidad de congraciarse con los demás, como si no hubiera pasado nada.

Si la rabieta se extiende, es recomendable sentar al niño en una silla y decirle que no se puede mover de allí hasta que no esté tranquilo durante un minuto, mientras le explicamos que estamos cansados de oírle.

Los niños son muy buenos actores y muchas veces ese llanto es fingido para lograr sus propósitos. Ellos se dan cuenta si uno de los progenitores está a punto de ceder, así que debemos mantenernos firmes y hacerles saber que haga lo que haga, no vamos a acceder a sus requerimientos.

Si el niño mantiene esa actitud mientras va creciendo, estas pequeñas rabietas se convierten en un problema, ya que es señal de que se ha habituado a obtener las cosas de esta forma por definición. Por ello debemos enseñarles que las rabietas son totalmente inadecuadas y que nadie de su entorno va a ceder en ningún momento.

La educación y el cine

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Hace un tiempo cayó en mis manos un artículo sobre cómo el cine nos puede ayudar e influir en la educación de nuestros hijos. Decía dicho artículo que el concepto de educación es muy amplio y no se limita al ámbito de la escuela o la universidad, sino que el entorno y la familia forman parte de este concepto. La vida nos enseña muchas cosas y los niños aprenden a base de experiencias que pueden ser insatisfactorias, pero que pueden traer consigo una gran lección.


El cine forma parte de nuestras vidas y por ende, forma parte de esa enseñanza que directa o indirectamente le damos a nuestros retoños. El tema de la educación ha sido guión de varias películas, desde grandes clásicos hasta filmes modernos que intentan mostrarnos el difícil camino de la educación.

Películas clásicas como "La ciudad de los muchachos", "Mentes peligrosas" o "Los cuatrocientos golpes" explican la difícil integración de alumnos conflictivos, y cómo los profesores o los adultos logran soliviantar algunos de los problemas de esos chicos, que por diversos motivos, no lo tienen fácil, mostrando una actitud rebelde y a veces hasta violenta.

Un gran clásico es "My Fair Lady", donde una adorable Audrey Hepburn encarna a una joven analfabeta que debe aprender los modales de la alta sociedad y hacer un gran esfuerzo para ello.

Otro gran ejemplo es "El Club de los Poetas Muertos", donde Robin Williams da vida a un profesor que busca la mejor manera de educar a un grupo de alumnos y abrir su mente para que vayan más allá.

Películas musicales también han aportado grandes valores para la educación, tales como "Los Chicos del Coro", una película francesa que narra las peripecias de un grupo de alumnos que transforman sus vidas gracias a la magia del canto. Otro musical basado en la vida de una familia numerosa, es "Sonrisas y Lágrimas", donde una institutriz consigue devolver la alegría a los niños.
"Billy Elliot" es otro ejemplo de superación, de perseverancia, de luchar por lo que uno quiere.

Otras películas más fuertes, como "American History X", que narran temas raciales, conflictos entre pandillas o jóvenes rebeldes o la durísima película "Precious" donde nos muestran a una chica maltratada e inadaptada, también representan escenas que pueden suceder en la vida real.

"Cadena de favores", " Karate Kid", "Estación Central de Brasil", "El Milagro de Anna Sullivan", "Rebelión en las aulas"...son algunas de las propuestas de este interesante artículo de la revista Padres y Colegios en las que tratan el aspecto formativo y la educación de las personas.

Les animo a mostrarles a nuestros niños algunas de estas películas que seguro les aportarán nuevos valores como la tolerancia, el compañerismo, la perseverancia o la disciplina a la vez que se divierten disfrutando de este buen cine.

Educación por etapas

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Cada etapa en el crecimiento de nuestros hijos es importante. Aquí os dejo una guía con los valores y consejos para cada etapa de nuestros hijos:

Etapa de 0 a 3 años

En la etapa de 0 a 3 años, los bebés responden muy bien a los estímulos visuales, por este motivo es muy importante utilizar el lenguaje no verbal, los gestos, para llamar su atención y hacerlos reír si es posible.

Nuestros hijos todavía no hablan fluidamente, sin embargo es de vital importancia que nos comuniquemos con ellos por medio de las palabras, para que vayan entendiendo su significado. Les debemos hablar de manera muy clara, ayudándonos de gestos si hace falta y olvidándonos de los diminutivos, de esta manera se acostumbran a escuchar las palabras bien dichas desde el principio.

Otra manera de comunicarnos con los bebés, es a través del contacto físico; con caricias, besos, cosquillas, masajes…etc. Estas acciones les darán seguridad, además de transmitirle afecto y reforzar los vínculos que tenemos con ellos. Es nuestra tarea establecer unas bases de comunicación con nuestros hijos desde la más tierna infancia.

Etapa de 3 a 6 años

En la etapa de 3 a 6 años, nuestros hijos ya hablan y dominan en mayor medida la comunicación con los demás. Es cuando empieza la etapa de los ¿porqué? Muchas veces nos preguntan ¿por qué?, no por el hecho de saber la respuesta correcta, sino para escucharnos a nosotros hablar y así poder ampliar su vocabulario. A los niños les encanta aprender palabras nuevas.

En esta etapa, debemos hablarles con claridad, darles a conocer el nombre de cada cosa, tal como es y tal como suena. De esta forma les ayudamos a utilizar el vocabulario correctamente.

Les haremos preguntas del tipo: ¿Qué has hecho en el colegio hoy?, con la finalidad de que puedan respondernos a su manera y se puedan alargan tanto como deseen en la explicación. También es conveniente habituarnos a charlar con ellos de sus propios sentimientos y de lo que pensamos nosotros.

Expresar los sentimientos y ponerle nombre a lo que le pasa es un ejercicio muy saludable para nuestros hijos, porque los ayuda a gestionar sus propias emociones.

En esta etapa es muy importante consolidar los hábitos sociales de buena educación, como son decir “buenos días o buenas tardes” al llegar a un sitio, dar las gracias o pedir las cosas por favor.

Etapa de 6 a 12 años

En la etapa de 6 a 12 años, nuestros hijos crecen, tienen muchas vivencias y les gusta que les pregunten sobre ellos y sus cosas. Por eso hace falta encontrar los momentos adecuados para hablar con ellos y saber escuchar lo que nos dicen, mostrando todo nuestro interés. Saber escuchar, hablar con franqueza, mantener una actitud positiva y mostrar empatía (es decir, ponerse en el lugar de la otra persona), son actitudes que promoverán el buen clima y el diálogo con nuestros hijos.

Es el momento para que nuestros hijos empiecen a saber utilizar los diferentes registros del lenguaje, no es lo mismo hablar con amigos o con los compañeros de clase, que con los padres, abuelos o cualquier persona adulta.

Etapa de 12 a 18 años

En esta etapa de los 12 a los 18 años, empieza la difícil etapa de la adolescencia, en la que parece que se alejen de nosotros. Se nos hace más difícil comunicarnos con ellos, nos explican menos cosas y cuando les preguntamos, no siempre contestan correctamente. Como padres, hemos de ser conscientes que en esta etapa, el grupo de amigos pasa a tener una gran influencia sobre nuestros hijos, por lo tanto, priorizarán la comunicación con ellos antes que nosotros.

Debemos establecer un diálogo con franqueza, evitando los interrogatorios del estilo de “¿con quién has estado?, ¿dónde has estado?, ¿qué has hecho?”...o “yo a tu edad ya hacía…” También debemos encontrar el momento adecuado para hablar con ellos, evitando esperarlos en la puerta y abordarlos a preguntas en cuanto llegan.

Durante esta etapa, se les educa más con hechos que con palabras, es decir, nuestros hijos se fijan más en lo que hacemos que en lo que decimos, porque nuestras acciones son también una manera de comunicarnos.

Hemos de intentar ser lo más coherentes posible entre nuestro discurso y nuestras actuaciones. Es muy importante en esta etapa que el padre y la madre compartan los mismos criterios.

Decálogo para la educación

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Estuve leyendo en la página de la Generalitat de Catalunya, un decálogo para ayudar con la difícil tarea de educar a los hijos. Aquí os lo dejo, unos simples consejos para ayudarnos en la educación:

  1. Somos un modelo positivo para nuestros hijos y para nosotros mismos.
  2. Los padres y madres, deberíamos procurar compartir los mismos criterios respecto a la educación de nuestros hijos y ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos.
  3. Educamos nuestros hijos para que sea responsable de sus acciones.
  4. Ayudemos a nuestros hijos a tomar decisiones a corto y largo plazo, a aprender de los errores y a aceptar sin reservas, sus equivocaciones, limitaciones y frustraciones.
  5. Nos interesamos por las relaciones que nuestros hijos tienen con sus compañeros y con los adultos con los que está en contacto.
  6. Procuraremos encontrar el momento oportuno para hablar con nuestros hijos y para escucharlos, manteniendo una actitud comprensiva y positiva, pero también firme y con criterios claros.
  7. Nos aseguraremos  de que nuestros hijos hayan desayunado cuando salgan de casa y se lleven alimentos a la escuela.
  8. Nos aseguraremos que nuestros hijos duerman las horas necesarias para su edad, estableciendo los horarios adecuados.
  9. Procuraremos que nuestro hijo participe en actividades de compromiso cívico.
  10. Estaremos al tanto de lo que nuestro hijo ve en televisión, internet y si hace falta, los orientaremos.

Pues ahí va eso; no es fácil, pero siempre se puede intentar seguir estas normas básicas para el buen funcionamiento de las relaciones padres-hijos y su educación. Próximamente os pasaremos otros decálogos interesantes.